CERTIFICADORES PATITOS Y EL GREENWSHING

Por Alberto Barrios

Damas y caballeros, niñas y niños, ahora que tan de moda está el tema ambiental navegan por el Caribe mexicano ambiciosos piratas que ondean la bandera de la certificación para defraudar a incautos empresarios ansiosos de subirse a los barcos de la sustentabilidad. Debido que estos piratas se dedican a vender certificados y reconocimientos como si fuesen tarjetas de presentación, sin ningún respaldo técnico que los avale, desde hace tiempo estoy con la inquietud: ¿quién certifica a los certificadores ambientales? En vista de lo anterior descubrí una Entidad Mexicana de Acreditación –EMA-, que es el organismo conocido y reconocido por autoridades federales e internacionales encargado de otorgarle validez a las asociaciones que a su vez se dedican por todo el territorio nacional a supervisar a las empresas o asociaciones interesadas en aplicar las diversas normas que enmarcan las actividades empresariales, que pueden ser voluntarias u obligatorias. Valga aclarar que la EMA trabaja con una autorización de la Secretaría de Economía y es reconocida primordialmente en el campo de la acreditación de laboratorios (calibración, ensayo y /o clinicos) unidades de verificación (organismos de inspección) y de organismos de certificación, mismos que a su vez deben ejecutar regulaciones, normas o estándares correspondientes con precisión para que comprueben, verifiquen o certifiquen los productos y servicios que consume la sociedad. Pero dado que en el tema ambiental, apenas en 1996 la Organización Internacional para la Estandarización (ISO) delineó la ISO 14001, una norma internacionalmente aceptada, esto es, con herramientas de medición para aplicar un sistema de gestión ambiental (SGA) efectivo, con la finalidad de buscar el anhelado equilibrio entre rentabilidad y los inevitables impactos negativos a los entornos naturales, pues en la EMA también aún están como queriendo darle la importancia que tiene la medición ambiental, además de que su propia regulación está encuadrada dentro de la jurisdicción de la Secretaría de Economía, no de la Semarnat; para ponérsela claro, en Quintana Roo operan tres laboratorios acreditados antes la EMA, el Inset y Agua Limpia de Quintana Roo y Repama, además de la Seplader, pero si usted pregunta entre hoteles, restaurantes, marinas, agencias de viaje, arrendadoras, campos de golf sobre la EMA ponen cara de estupefacción. Este vacío es el que ha permitido la proliferación de equis número de certificadores ambientales en el país y en especial en el Caribe mexicano. Y ya ve usted, cuando la moda se impone pues todos a seguirla, aunque en muchos casos caigan dentro del greenwashing, un término que básicamente se refiere a los esfuerzos ambientales simulados, más no de fondo, que promueven mediáticamente muchas empresas turísticas. Afortunadamente no todos caen en el garlito de los piratas certificadores. Por ejemplo, Original Resorts, el corporativo que encabeza Diego de la Peña, trabaja conforme a los lineamientos de la EMA, bajo la auditoría ambiental de la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente –PROFEPA-, al igual que AMresorts, el corporativo que preside Alejandro Zozaya, propietario del Dreams Cancún –antes Camino Real, en Punta Cancún-. Las normas ambientales no son obligatorias en su mayoría, pero dado el creciente interés de los turistas por seleccionar negocios que cumplan con normas ambientales se han convertido en prioridad dentro del negocio. Por eso los piratas, certificadores ambientales, están prestos para el abordaje.

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