Por Alberto Barrios
Damas y caballeros, niñas y niños, dicen los idealistas que soñar no cuesta nada, además de que soñar despierto es un excelente ejercicio onírico.
Encarrilados en la utopía, mis estimados, recientemente sostuve una plática con una gran investigadora y amiga, Marisol Vanegas Pérez, directora de Redes Turismo alrededor de lo que somos como ciudad y ciudadanos y lo que podemos ser. Vale aclarar que ante la profunda mezquindad de la naturaleza humana el escepticismo y la suspicacia suelen acompañarme ante todo diálogo civilizado que sobre el desarrollo humano sostengo con las pocas personas con quienes vale la pena sostenerlo. Así pues, escuché atentamente una vez más la voz apasionada de mi amiga que clama en el mar apelando sino a la sensibilidad por lo menos al raciocinio con el fin de que podamos identificar qué es lo que hemos hechos mal y qué es lo que podemos hacer bien. Ella, idealista que es, confía en que la agrupación de fuerzas ciudadanas bien intencionadas reorienten el ejercicio del poder ejecutivo y político en nuestra ciudad con el fin de implementar un plan de desarrollo urbano con candados legales para impedir, por ejemplo, cambios de uso de suelo a diestra y siniestra conforme pague el mejor postor; confía Marisol, me decía, en que el Instituto Municipal de Planeación Urbana –IMPLAN- sea finalmente un ente respetado que establezca las directrices generales para los próximos años en lugar de que cada tres años un grupo de iluminados, encabezados por el Presidente municipal en turno y sus regidores, reinventen las normas urbanas según los sapos a golpear; en ese momento comenzaron mis sospechas sobre el estado mental de mi amiga; ella siguió clamando y me dijo que es posible incluso que esta ciudad con el paso del tiempo pueda ofrecer excelentes servicios médicos y educativos tanto por su generosa ubicación geográfica –estamos entre Miami y CA y Sudamérica- como por el hecho de que contamos con una sólida y creciente infraestructura hospitalaria y universitaria. Eso me sonó más razonable porque efectivamente en los últimos años se han construido el Amerimed, el Galenias y el Hospiten en donde la atención es de un altísimo nivel con un solo pero: cuando te entregan la factura puedes caer fulminado por un ataque cardiaco. En cuanto a las Universidades, también estoy de acuerdo con mi amiga, porque ahí están La Salle, la Anáhuac, la Universidad del Sur y otras, además de la Unicaribe, que han colocado en un nivel privilegiado a nuestra ciudad. Pero empecé a alarmarme nuevamente cuando mi amiga Marisol me dijo que era posible constituir una ciudad ordenada y limpia con ciudadanos ordenados y educados en la separación de la basura desde sus hogares y respetuosos de los ordenamientos viales. Yo, que soy un peatón que diariamente debo esquivar a furiosas y aceleradas conductoras de mamamóviles que te miran con un ojo mientras con el otro teclean su black berry, en tanto se la mientan a los taxistas, sinceramente preferí esbozar una estúpida y boba sonrisa ante el planteamiento de mi amiga la idealista. Ella aprovechó mi estupor para embotarme aún más con una serie de entramados y fórmulas matemáticas esgrimidas por las autoridades del Infonavit, los valuadores de tierras y los arquitectos e ingenieros que justificaban la construcción en la zona norte de Quintana Roo de esas estrechas y horribles viviendas para los miles de emigrantes de bajos recursos económicos que todavía siguen arribando al paraíso turístico. Esto es, de acuerdo a ese planteamiento habría que agradecerles a los desarrolladores de vivienda social que construyan esas horripilantes viviendas para los pobres porque no hay presupuesto para más. Así pues, entre el ordenamiento de la ciudad, la participación ciudadana, la realidad socio económica, la codicia de nuestros empresarios y políticos, la plática con mi amiga la idealista Marisol Vanegas Pérez me ubicó en un contexto atípico: en el paraíso los sueños a veces pueden convertirse en pesadillas.
Damas y caballeros, niñas y niños, dicen los idealistas que soñar no cuesta nada, además de que soñar despierto es un excelente ejercicio onírico.
Encarrilados en la utopía, mis estimados, recientemente sostuve una plática con una gran investigadora y amiga, Marisol Vanegas Pérez, directora de Redes Turismo alrededor de lo que somos como ciudad y ciudadanos y lo que podemos ser. Vale aclarar que ante la profunda mezquindad de la naturaleza humana el escepticismo y la suspicacia suelen acompañarme ante todo diálogo civilizado que sobre el desarrollo humano sostengo con las pocas personas con quienes vale la pena sostenerlo. Así pues, escuché atentamente una vez más la voz apasionada de mi amiga que clama en el mar apelando sino a la sensibilidad por lo menos al raciocinio con el fin de que podamos identificar qué es lo que hemos hechos mal y qué es lo que podemos hacer bien. Ella, idealista que es, confía en que la agrupación de fuerzas ciudadanas bien intencionadas reorienten el ejercicio del poder ejecutivo y político en nuestra ciudad con el fin de implementar un plan de desarrollo urbano con candados legales para impedir, por ejemplo, cambios de uso de suelo a diestra y siniestra conforme pague el mejor postor; confía Marisol, me decía, en que el Instituto Municipal de Planeación Urbana –IMPLAN- sea finalmente un ente respetado que establezca las directrices generales para los próximos años en lugar de que cada tres años un grupo de iluminados, encabezados por el Presidente municipal en turno y sus regidores, reinventen las normas urbanas según los sapos a golpear; en ese momento comenzaron mis sospechas sobre el estado mental de mi amiga; ella siguió clamando y me dijo que es posible incluso que esta ciudad con el paso del tiempo pueda ofrecer excelentes servicios médicos y educativos tanto por su generosa ubicación geográfica –estamos entre Miami y CA y Sudamérica- como por el hecho de que contamos con una sólida y creciente infraestructura hospitalaria y universitaria. Eso me sonó más razonable porque efectivamente en los últimos años se han construido el Amerimed, el Galenias y el Hospiten en donde la atención es de un altísimo nivel con un solo pero: cuando te entregan la factura puedes caer fulminado por un ataque cardiaco. En cuanto a las Universidades, también estoy de acuerdo con mi amiga, porque ahí están La Salle, la Anáhuac, la Universidad del Sur y otras, además de la Unicaribe, que han colocado en un nivel privilegiado a nuestra ciudad. Pero empecé a alarmarme nuevamente cuando mi amiga Marisol me dijo que era posible constituir una ciudad ordenada y limpia con ciudadanos ordenados y educados en la separación de la basura desde sus hogares y respetuosos de los ordenamientos viales. Yo, que soy un peatón que diariamente debo esquivar a furiosas y aceleradas conductoras de mamamóviles que te miran con un ojo mientras con el otro teclean su black berry, en tanto se la mientan a los taxistas, sinceramente preferí esbozar una estúpida y boba sonrisa ante el planteamiento de mi amiga la idealista. Ella aprovechó mi estupor para embotarme aún más con una serie de entramados y fórmulas matemáticas esgrimidas por las autoridades del Infonavit, los valuadores de tierras y los arquitectos e ingenieros que justificaban la construcción en la zona norte de Quintana Roo de esas estrechas y horribles viviendas para los miles de emigrantes de bajos recursos económicos que todavía siguen arribando al paraíso turístico. Esto es, de acuerdo a ese planteamiento habría que agradecerles a los desarrolladores de vivienda social que construyan esas horripilantes viviendas para los pobres porque no hay presupuesto para más. Así pues, entre el ordenamiento de la ciudad, la participación ciudadana, la realidad socio económica, la codicia de nuestros empresarios y políticos, la plática con mi amiga la idealista Marisol Vanegas Pérez me ubicó en un contexto atípico: en el paraíso los sueños a veces pueden convertirse en pesadillas.
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