LA CRISIS BARRE CON LOS NEGOCIOS EN CANCUN

* Desaparecen Decenas de Plazas y PYMES,
* Cancún, Colapsado como Modelo Turístico


¿Ha recorrido últimamente la avenida López Portillo, principalmente el tramo que comienza de la Kaba hacia la salida a la carretera a Mérida? Mirará decenas de locales cerrados. ¿Ha observado que a lo largo y ancho de la ciudad, principalmente en las denominadas super manzanas del centro, cuelgan decenas de letreros anunciando rentas y ventas de departamentos, casas y locales? ¿Y las decenas de plazas comerciales que se han construido misteriosamente en la ciudad, sin que realmente exista una demanda? Muchas ni siquiera han abierto y otras han sido cerradas sumándose a los múltiples lunares urbanos que se ven en la ciudad y, por supuesto, en la zona hotelera. Si usted va un poco más allá, en la periferia, también puede observar fraccionamientos completos que no pueden ser comercializados porque el sector inmobiliario padece una de sus más serias crisis de compra venta. Son las consecuencias de las crisis. Pero no crea que solamente los pobres lloran, porque joyerías emblemáticas del destino turístico, como Maraf y Ultrafemmé, en Plaza La Isla, también han sido cerradas ante la falta de clientes.

La crisis en el Caribe Mexicano está provocando una ola de mortandad empresarial que lo mismo afecta a los pequeños y medianos que a los grandes negocios. Y en contra de lo que suelen asegurar nuestros dirigentes políticos, esta crisis sobre crisis que aún no termina, afectará no solo estructuralmente los negocios turísticos, sino la composición de la población y el futuro de esta región. Para acabar con el panorama, la recuperación de playas ha sido detenida por un juez federal por lo que Cancún seguirá sin las playas que la hicieron famosa como centro turístico de sol y playa. Los pesimistas hablan del réquiem para un destino turístico, de una muerte anunciada y demás visiones catastróficas. Y tienen razón. En estos momentos, las autoridades y dirigentes empresariales de Quintana Roo están enfrascados en defender, en una lucha más política que económica, a una secretaría de turismo federal que pocos recursos destinaba a Quintana Roo, en lugar de dedicarse a rediseñar y aplicar políticas de negocios turísticos acordes con la realidad económica internacional y doméstica que vivimos. Cancún como modelo turístico está agotado. Esa conclusión ha sido remarcada por diversos investigadores de la Universidad del Caribe y de la Universidad La Salle y padecida por múltiples emprendedores que han llegado al destino turístico a invertir para cerrar y perder.

Evidentemente existe una gran cantidad de recursos ilícitos que se mezclan con los lícitos como parte de la dinámica del amable negocio turístico que permite esa y otras maldades, ante la escasa supervisión o complicidad de las autoridades encargadas de cumplir leyes fiscales, migratorias y aduaneras. Ahora bien, una de las máximas en los negocios es que los tiempos de crisis son tiempos para comprar. Probablemente sea esa una de las explicaciones para comprender cómo es que, en plena crisis, se sigue construyendo. Pero lo cierto es que el concepto macro del negocio turístico hotelero ya está dañado en Cancún, en donde actualmente los All Inclusive operan más del 55 por ciento de las habitaciones en la zona hotelera. ¿Qué consecuencias genera esta política de traer turistas con paquetes pre vendidos, que se mantienen encerrados dentro de los hoteles? Provoca la desaparición de restaurantes, de spas y de tiendas, desplazadas por los paquetes pre vendidos, además de la vulnerabilidad de otros negocios como el de arrendadores y tour operadores que deben ceder a las condicionantes de los hoteles, por no referirnos a la escasa interacción del turista con la población, lo que ahonda la brecha socio económica entre ambos. Ciertamente, la ciudad de apoyo, Cancún, carece de personalidad. Como muestra, a casi 40 años de haberse construido, ni los pobladores tienen certeza dónde está, si es que existe, el centro de la ciudad, que en otros lugares, aglutina a la iglesia, el ayuntamiento, los cafés, los restaurantes y los centros culturales.

Los turistas que bajan a la ciudad siguen siendo enviados a un patético mercado 28 como única alternativa para adquirir algo local, cuando la realidad es que todo lo que se vende ahí proviene de puebla y, en una escala menor, de indígenas chiapanecos. Las autoridades, los empresarios, los ciudadanos, ni siquiera nos hemos preocupados por construir un mercado de artesanías mayas, mientras la Oficina de Visitantes y Convenciones –OVC- y los hoteles siguen llenándose la boca ante el mundo pregonando una cultura, la maya, la cual desconocemos y, en muchos casos, desdeñamos, la mayoría de los que habitamos en este destino turístico. ¿Y el
Comité de Reactivación Económica del Centro de la Ciudad que preside Manuel García Jurado, propietario del restaurante La Parrilla? Este Comité opera, por lo menos, desde hace quince años y lo único que ha hecho fue darle su apoyo al ex presidente municipal Francisco Alor Quezada para desaparecer el parque Las Palapas y construir una plancha de cemento para seguir haciendo negocios a expensas de los ambulantes, en tanto la Yaxchilan se consolida como el eje de la prostitución. Por supuesto, a la hora de repartir culpas sobre este desastre de ciudad de apoyo –que no turística- todos los que se han hecho ricos se hacen a un lado, para culpar al gobierno municipal, estatal, federal o a quien se deje.

En los archivos duermen planes y proyectos como el Plan Gran Visión Quintana Roo 2000-2025, la intención de homologar ordenamientos ecológicos y planes directores de desarrollo urbano, el Pacto de Civilidad y el Sistema de Facilitación Migratoria y Aduanal en el Aeropuerto, entre otras buenas intenciones. ¿Y alguien se ha interesado en conocer qué pasó con los 3.5 millones de dólares de multa que pagó el Hotel Riu por sobre pasar la densificación que tenía autorizada, con la anuencia del aventurero y oportunista Juan Ignacio García Zalvidea, el entonces presidente municipal? Recursos que supuestamente se destinarían al saneamiento definitivo y equipamiento de la Laguna de Bojórquez, una laguna que paulatinamente va muriendo y que será rellenada si los ciudadanos no lo impiden. El dinero se quedó en las arcas federales, sin que nadie exija cuentas. A lo largo de la laguna Nichupté, mientras tanto, siguen construyéndose hoteles y restaurantes con permisos federales, cuando la idea original era que no se afectara esa costa lagunar. ¿Y las playas públicas? Lo único que se hizo fue dizque mejorar Playa del Niño, en Puerto Juárez, a donde los hoteleros han lanzado a la población cancunense de bajos recursos económicos, ya que mantienen cerrados los accesos que, por ley, deberían de tener hacia las playas de la zona hotelera, ante la indiferencia del Fondo Nacional de Turismo –Fonatur, cuyas autoridades están exclusivamente interesadas en obtener recursos. Ante ese panorama socio económico, ¿alguien puede sorprenderse que Cancún se haya posicionado rápidamente como líder en suicidios, en desintegración familiar, en accidentes vehiculares y en consumo de alcohol y drogas? Como nunca en su historia, Cancún padece en agosto y septiembre los efectos de la crisis financiera internacional y local, sumergida en un remolino de intereses que tan solo la ubican como un botín económico y político y en donde los pobladores son poco menos que peones en el perverso ajedrez de los hombres del poder. Lo cierto es que el modelo turístico está agotado, que se esta acabando con los recursos naturales y, probablemente, hasta con la paciencia de la gente.

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